Rodolfo


Segunda parte

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¿Dónde ir a vivir? Naturalmente ya no podíamos quedarnos en las construcciones dónde trabajábamos, porqué ese trabajo lo dejaríamos. Existía la opción de ir a dormir en la obra donde trabajaba mi papá, pero ¿cómo le haríamos con la tarea en las noches? Pues ahí ya no tendríamos luz después de cierta hora. ¿Entonces cómo? Me acordé que un amigo de Tolimán una vez me había contado de un programa de apoyo para los estudiantes que no tenían una residencia en Querétaro. Le marqué y él me pasó el contacto de una tal Leonor, directora de esta Casa de El Puente de Esperanza I.A.P.. Un poco nervioso, le marqué y ella me dijo que fuéramos a una entrevista en la Casa en un par de semanas. Al final no pudimos ir por cuestiones de chamba. Le volví a marcar tiempo después, pero entonces ella no estaba en Querétaro y así pasaron varios meses más sin poder concretar nada.

Una semana tras otra, llegamos al inicio de clases en la Universidad. Un martes de septiembre mi hermano y yo agarramos una mochilita cada uno con una libreta y un cambio de ropa y nos fuimos para Querétaro. Las clases empezaban el jueves de la misma semana.

Saqué el papelito donde había apuntado la dirección de la Casa del Puente Esperanza unos meses antes y nos pusimos a buscar la colonia. Nos perdimos un par de veces por las calles de la zona, se me acabó la pila del celular, mi hermano ya estaba maldiciendo mis ideas tontas y, cuando por fin llegamos, Leonor nos recibió con una expresión confundida: “¿Y ustedes quiénes son…?”


Rodolfo, 20 años. Ingeniería, UTEQ

PARTE 3
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